LA CAJITA FELIZ.
Tengo una cajita, la cajita Feliz, la tengo reposando en un
recóndito lugar donde solo mis laberintos secretos pueden llegar. Es que es mía
y de nadie más; siempre que la necesito está para mí.
Vino hace poco o quizás no vino, sino que yo la encontré, a
lo mejor nos encontramos, estaba vacía y triste, me conmoví, y como cuan
samaritano la acogí entre mis brazos y me la llevé a casa.
Desde el inicio la consentí, pasó a ser mi cajita favorita, es verdad que nunca
he tenido cajitas, pero ahora sí, esa cajita me ha dado algo que nadie me ha
dado: al pasar lo días, ella abrió su tapa y entendí que nuestro encuentro no
era casualidad, la vida nos había
destinado a encontrarnos ambos en un momento en que nos necesitábamos
mutuamente, en que ambos conviviéramos.
Quiero mucho a la cajita Feliz, aunque sé que en un día
cercano se irá, la quiero por lo que me ha dado, a veces cuando uno sabe que un
ser querido se irá, lo valoras más, lo disfrutas más, compartes más, entonces, ¿Por
qué debería de estar triste porque se irá?
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Desde que encontré a la cajita Feliz mi vida ha dado un giro
positivo que no me esperaba, mucho más fuerte cuando la cajita abrió su tapa
todos los días para que yo ocultase mis más íntimos secretos, y me dio a entender que estaba para mí y yo para la cajita,
confié tanto en la cajita como no había confiado en nadie más en toda mi vida en
este miserable paraíso terrenal.
Le confié mis miedos, mis secretos y mis esperanzas, la cajita los
guardó día a día con delicadeza, con un amor apasionado; los guardó en su
místico interior, donde estará guardado contra el olvido y el tiempo, o para
cuando este perdido mundo me haga loco y mis memorias se vayan a la perdición.
Tal vez alguien me busque, alguien pregunte por mí, por mi nombre, por mi
ilusión desvanecida, tal vez y la cajita hará florecer toda mi memoria a quien
se lo pida.
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La cajita Feliz está emocionada, pronto partirá, más alegre
que un ruiseñor cantando en primavera. Anda feliz porque no va vacía; yo ando
feliz porque saqué de mi interior todo lo que me destruía, todo lo que me
mataba lentamente cada segundo.
La verdad es que ambos estamos felices, más la cajita, y me alegra mucho, por eso nunca me arrepentí
de ponerle nombre, aquel mismo día que me abrió su tapa, ese día le puse un
nombre, le puse Feliz, y no me he equivocado.
Hasta siempre, Feliz.


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