LA CAJITA FELIZ.
Tengo una cajita, la cajita Feliz, la tengo reposando en un recóndito lugar donde solo mis laberintos secretos pueden llegar. Es que es mía y de nadie más; siempre que la necesito está para mí. Vino hace poco o quizás no vino, sino que yo la encontré, a lo mejor nos encontramos, estaba vacía y triste, me conmoví, y como cuan samaritano la acogí entre mis brazos y me la llevé a casa. Desde el inicio la consentí, pasó a ser mi cajita favorita, es verdad que nunca he te nido cajitas, pero ahora sí, esa cajita me ha dado algo que nadie me ha dado: al pasar lo días, ella abrió su tapa y entendí que nuestro encuentro no era casualidad, la vida nos había destinado a encontrarnos ambos en un momento en que nos necesitábamos mutuamente, en que ambos conviviéramos. Quiero mucho a la cajita Feliz, aunque sé que en un día cercano se irá, la quiero por lo que me ha dado, a veces cuando uno sabe que un ser querido se irá, lo valoras más, lo disfrutas más, compartes más, e...