CARTA A MI MEJOR MAESTRO.
Maestro, recuerdo bien cómo te conocí y te quedaste en mi
vida, para siempre.
Recuerdo ese día en que me mandaron al aula de apoyo por
primera vez. Era 1998 y cursaba tercer grado en la escuela. No podía hacer la
letra “f” en tipo carta, por más que lo intentaba no podía hacerla y la
profesora optó por enviarme donde la psicóloga. Recuerdo que me sentí incómodo
y que se me bajó la autoestima. Recuerdo que un día la psicóloga me dijo que
por qué no atendía cuando me daba indicaciones. Recuerdo que mandaron a llamar
a mi mamá. Recuerdo que supe que algo andaba mal. Mi maestro daba sus primeras
apariciones en mi inocencia de niño.
En el camino conocí el local de Canal 2 y me emocioné. Ese mismo
día entré en un lugar donde había muchos niños. Todos pasamos por un cuarto
cerrado donde una máquina emitía sonidos de diversas intensidades. No entendía
qué estaba pasando, era una confusión en mi ser. Te estaban detectando maestro.
Pero recuerdo más cosas todavía.
Recuerdo que regresé un año después al mismo lugar, nos
llevaron a un patio grande y nos dieron sándwiches y una constitución de la república “para
cipotes”. Ese día llegaron a mis manos
unas cajas con unos aparatos electrónicos que nunca había visto, y caí
en la cuenta que tenía algo a quién pronto reconocería como mi maestro. Mi
mejor maestro. Me diste los útiles que me acompañarían toda la vida que voy a
andar de tu lado. Aunque debo recordarte que me costó acostumbrarme a ellos,
pero han sido útiles.
Fueron años difíciles en esa escuela, maestro, y todo fue
peor cuando en quinto grado llegó un practicante al aula, y sus clases siempre
fueron dictadas. Si no fuera porque ahí conocí a un gran amigo, de esos que dan
hasta el pellejo por uno, de no ser por él, hubieran sido unos días de
martirios. Tú mi maestro, daba tus primeras lecciones.
Pero yo no quería aceptarte dentro de mi vida. Corría el año
2003 y ya no tenía nuevos compañeros en mi nueva escuela. Solo dos tuve en esos
tres años de tercer ciclo. Siempre era el que “sobraba” a la hora de hacer
grupos, me veían de menos, tuve la primera sensación que sería un gran fracaso,
que no era útil, tú maestro, pegabas fuerte y estuve a punto de rendirme para
siempre, pensamientos negativos solo frenadas por las grandes palabras de mi
mamá. Tres horribles años en donde mi compañeros cercanos eran dos, una compañera
y un compañero.
Entré a bachillerato y tú maestro seguías ahí más latente
que nunca. Pero decidí aceptarte. Aceptar que ya era imposible ignorarte. Aceptar
que ya no tenía vuelta atrás. Aceptar
este desafío tan grande. Aceptar que siempre ibas a estar. Aceptar que
te convertirlo en una gran ventaja. Y acepté que yo así era, y que tú maestro
era parte inherente a mí.
Aprendí a escucharte, mi mejor maestro, a ti te debo el
hábito de la lectura, el interés por el conocimiento. Las letras empezaron a
ser sagradas.
A ti te debo el gran valor que le tengo a la amistad, a la
solidaridad, a la cooperación, al estudio, a los desafíos, a la superación. El
valor hacia los amigos.
Me enseñaste que a pesar de todas las barreras siempre se
pueden superar, me enseñaste que los problemas se pueden hacer oportunidades,
me enseñaste que si uno se lo propones puede brillar, me enseñaste que ser
persona “especial” era una etiqueta que no vale nada y que no me hacía peor
persona.
Me enseñaste el precio del esfuerzo, el precio de la
dedicación, el precio del sacrificio y sobre todo como esto es un camino para
alcanzar el éxito; acepté todo esto en silencio.
Nunca me abandonaste maestro, nunca me abandonaras, aunque
sé que algún día me absorberás por completo, siempre voy a aprender, siempre
voy a dar lo mejor de mí.
Pruebas difíciles siempre me las pusiste, pero nunca me voy
a rendir maestro, recuerdo aquel ciclo entero donde me pusiste la prueba más
grande que he tenido: mis aparatos electrónicos qué me diste de útiles
escolares y que tanta sorpresa me dieron al inicio, empezaron a fallar y se
arruinó uno, no sabes maestro cuán difícil fue pasar todo ese ciclo solo con
uno de esos aparatos, si con dos ha sido una gran lucha, ya no lo pienses solo
con uno, es como sentir que te falta la mitad del cuerpo, pero te superé
maestro, y aquí estoy demostrándote que te voy a superar siempre.
Y te escribo, para que sepas de mi puño y letra que tú has
sido y serás mi mejor maestro, sé apreciar la vida contigo, aunque a veces
quisiera nunca haberte conocido, pero lo he aceptado y lo he valorado. Y aprovecho
para decirte también, que he dado el gran zarpazo que algún día tú me dijiste
que nunca iba a lograr, lo hiciste tan solo para que yo te retara y te lograra
demostrar que tengo un gran valor y fortaleza, y ahora lo he logrado maestro,
lo he logrado con una satisfacción que ni yo me lo imaginaba. He logrado dar el
primer gran paso en mi vocación, aunque me hayan dicho que no me convenía esta
profesión, yo sabía que era mi vocación y he demostrado cuán lejos puedo
llegar.
Gracias por todo maestro, voy por mas y sé que me pondrás
retos difíciles pero yo nunca pienso rendirme, nunca, ni cuando deje de
escuchar el cantar de los pájaros, el revoloteo del viento y el mundo se transforme en
silencio.
Con dedicación,
Tu discípulo.
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