SUEÑO IRREAL.
Despertó. Era el alba. Siempre que despertaba lo primero que
se le venía a la mente era él, con su sonrisa radiante, tranquilo, cálido. No
podía evitar pensar en el despertar en él, a veces le dolía, a veces le causaba
alivio, es que el recuerdo era lo único que tenía de él, sus abrazos
reconfortantes, su presencia que daba seguridad, sus palabras que hacían reír, y también llorar.
inmediatamente después de que el recuerdo invadiera su
mente, veía su celular, mas que necesitar, extraña los mensajes de buenos días,
y también las buenas noches. Y las llamadas, la voz de él era encantadora para
ella, la calmaba en las noches lúgubres y solitarias, tanto que hasta sentía
que él estaba con ella, que la cuidaba, que la abrazaba, que le daba calor. Que
compartían cama. Sábanas. Y sueños.
Era todo hermoso, al menos eso aparentaban, quizás lo era
pero no se daban cuenta, no se daban la importancia, no se daban el valor, o quizás, lo sabían pero lo vieron como algo “normal”, algo que
debería ser así, al natural.
Entonces, ¿por qué rompieron? No es que ella no lo quería a él, de hecho lo amaba, al menos eso sentía,
pero la verdad es que le daba miedo amar, encapsular sus sueños, sus ideales,
sus anhelos en un amor le aterraba sobremanera, y no es que ella lo quisiera
así, es que era la realidad inevitable y para ella amar era ganar todo o perder
todo; tan significante le era ese sentimiento que prefería intentar no ganar
todo con tal de que tampoco le llegase a suceder de perder todo. Por eso, nunca
se arriesgó, por eso él nunca iba a ser de ella.
Por eso, fue un mundo amoroso que les quedó grande a ambos. Grandes
ilusiones. Eran mucho el uno para el otro. Y nadie quiso dar más que el otro. Y
ella tampoco quiso dar más de lo que le daban. Era a perder o a ganar los dos.
Ambos y no solo uno.
Y allí estaba él; lo encontraba seguido es sus delirios, en
su imaginación, en su mismísima ausencia. Allí tenía a él, podría ir a
encontrarlo, abrazarlo y susurrarle que lo quería, pero sería en vano, él no le
pertenecía a ella. A lo mejor nunca se pertenecieron, y se conocieron tan solo para darse cuenta que
nunca se podrían conjugar.
Suena el despertador. Anochece y amanece una y otra vez. No
sabe si sueña o es la realidad. Están juntos otra vez. Otra vez él con su
tranquilidad y su sonrisa radiante. Los sueños tienen el poder infinito de
hacer posible las cosa imposibles. Y por eso estaban juntos, aunque sea por las
noches. Eso es lo único rescatable de sus noches, que podía soñar con él, que
lo amaba, que lo adoraba, que lo hacía el amor de su vida, de su solitaria
vida. Quería que esto fuera de nunca acabar, para siempre, aunque sea en
sueños, pero siempre, temprano o tarde hay que despertar. Duro despertar.
Amanecer que mata los sueños.
Despertó. Ve el reloj. Le ha agarrado la tarde. Ya no tiene
tiempo de soñar. Se le ha ido el amor.

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