Idea de una vida
-"Mi estimado Rufo, déjame contarte que esta triste enfermedad ya me está ganando la guerra, por poco me carcome la conciencia y la locura no es una existencia grata, no como yo me la imagino, Rufo, no vale la pena así, ya que el raciocinio es sinónimo de salud, vital para existir. Amigo Rufo, ¿te acuerdas de aquella anaranjada tarde bajo la sombra del Copinol? Debes recordarte fácilmente, Rufo, pues esa tarde de octubre, con piscuchas conquistando el cielo y la helada brisa que anuncia el inminente verano revuelto de polvo, fue un atardecer único, quién sabe si por cosas triviales o porque el destino así lo quiso, no importa de todos modos, pero esa vez la vida la sentimos reducida a solo nuestra existencia:esta ES solo lo que sentimos personalmente. Precisamente eso, Rufo, es lo único que debemos tener claro mientras vivimos; tú lo dejabas más claro cuando intuías, y con qué agudeza amigo, que no hay una "vida", al contrario, hay "vidas", es decir que cada ser siente, ve, escucha y respira a su manera, por lo tanto cada uno decide si quiere vivir y cómo vivir. La libertad (sí, esa prostituida libertad) también tiene su poder en "nuestra vida", sea una buena o mala, solo la libertad de nuestra voluntad puede decidir si vivirla o acabarla, porque al fin y al cabo, hermano Rufo, la muerte también es vida, y precisamente para afirmarte eso último es que que te escribo, para avisarte que yo he decidido seguir viviendo en otra dimensión misteriosa, porque en esta ya no le encuentro sentido a mi existencia o quizá a lo mejor ya no la tiene. Saludos fraternos, con cariño Y. L.".
El fiscal forense quedó un poco perplejo después de leer la carta, había motivos para ello, ya que enfrente solo tenía un cuerpo inerte, elegantemente vestido, una caja que parecía que contenía alguna especie de pastillas relajantes, una botella de agua vaciada en tres cuartos y un cubo rubik, todo bajo un frondoso árbol de Copinol que relucía ante una tarde anaranjada y fría de octubre.
La carta había sido lo primero que había examinado y su primera sospecha fue que el muerto algo quiso decir con la carta, a lo mejor era escrito de despedida, lo que indicaba un posible suicidio, ya que no habían escenas ni evidencia que indicaran que había sido ultimado con violencia. Además todas las puertas de la casa estaban intactas y parecía que él había muerto allí recostado bajo el árbol que adornaba el amplio patio de la casa.
El fiscal giró una orden que era la esperada, -busquen a una persona cercana que se llame Rufo o tenga de apodo eso-, tenía la esperanza que el tal Rufo le ayudara a descifrar esa muerte; pero sería en vano, a 4000 kilómetros de distancia yacía enterrado el tal Rufo, quien igual a Y. L. había sido encontrado muerto y junto a él una nota que simplemente decía "Sabes Yomi, la vida es un vacío, un paquete sin contenido, una burbuja que uno mismo mantiene estable, pero que también puedo hacer explotar con un suspiro sin que nadie me obligue...".
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