CADÁVER DE AMOR.





Dedicada a todos aquellos que buscan la
Felicidad y nunca la encontrarán.


I


¿Cómo conocer una historia si nadie se atreve a contarla?

Ellos reían, a veces lanzaban frases de mala suerte, gritaban. Era su turno,  Alex agarró su canica, se puso en posición de tiro al borde del perímetro del círculo, tiró, sonaron un par de cristales, su canica no había logrado salir del círculo. Ahogado. Ellos empezaron a reírse, él también rió, aunque en sus extrañas sentía tristeza, dolor y frustración, no tenía canicas para otra ronda ni tampoco dinero para comprar más. Su diversión había terminado. Tenía que resignarse a solo ver la diversión ajena y a simular felicidad por los demás. Perdía en todo, le pelusiaban fácilmente las canicas, su trompo que tanto le costó conseguirlo, lo habían destruido con “muerte sapo”, no tenía zapatos para jugar fútbol y descalzo no podía porque se había reventado el dedo gordo al pegarle a una piedra semi-enterrada en vez de pegarle a la pelota.
Empezaba a entender en su inocencia de niño el precio y la dureza de la vida, pero mucho más  el futuro que le esperaba

***---***---***

Hay mucho murmullo en la sala de la casona. La Luna brilla estupendamente. Hace frío, algo normal en pleno noviembre. Pero Alex siente un frío terrible, está sentado en la única silla del cuarto que está alejado de la sala principal, su postura es como un árbol a punto de caer, él se siente confundido, sin fuerzas, sin calor. Mira al vacío, hasta se podría decir que no ve, que es un ciego.
-Vale verga esta vida, no te claves tanto maje, tenés cuerda para ratos-,  irrumpe alguien el silencio reinante del cuarto, la cruel frase va acompañada de una palmada que hace volver en sí a Alex, éste dirige la mirada hacia Víctor, se le queda viendo un par de segundos, como reclamándole, después Alex vuelve a girar su mirada al vacío como si nunca hubiera pasado nada.
-Vamos a chupar mejor maje, andamos en las mismas, estamos solos.
-Vos sabes que no tomo-, responde Alex casi sin inmutarse.
-No seas maricón maje, te tocará hacerle huevos pues-, le reclama Víctor.
Alex no responde, parece estatua de carne y hueso. Medita. Pareciera que está recordando algo de su desgraciada vida.
Víctor se va, convencido de que a su amigo le da igual que esté o no esté presente él. Lo comprende, cuando te joden el corazón, entras en una profunda depresión que encuentras todo vacío, empiezas a vacilar de la vida, a odiarla, y cuando la odias eres capaz de ya no vivirla por voluntad propia. Está cañón.
Alex vagabundea en sus recuerdos, no se puede centrar en uno solo, imposible con tantas imágenes de la vida que ha adquirido en 28 años que lleva en esta tierra.
De repente se endereza bruscamente, como si hubiera recordado algo importante, empieza a mirar por todo su alrededor, hasta que su mirada se clava en un punto fijo en la pared de enfrente. Sus ojos empiezan a manar lágrimas, se estremece al ver ese cuadro puesto en la mesita, allí esta su felicidad, su voluntad de lucha, su orgullo, su sacrificio, su amor, su vida; allí está ella.


II

“A despecho de su fortaleza, siguió
llorando la desdicha de su destino”.
Cien años de soledad.


-¿Qué dice la última frase de la tercera estrofa vos?-, preguntó Alex a su compañero Salomón.
-Puchica bisojo, ya me cansaste de tanto preguntarme, ten, te prestaré el cuaderno para que lo copies, pero a la otra clase sentate un poco más adelante, ya mucho jodés.
-Gracias.
Era la clase de Lenguaje y Literatura que Alex odiaba tanto porque la profesora Anacleta tenía la malía de copiar toda la clase en la pizarra en pleno quinto grado. A Alex siempre le gustaba sentarse en los últimos asientos porque adelante la profe’ mucho preguntaba y él era bien tímido para responder, siempre lo fue.
-Alex lee la cuarta estrofa del poema-, dijo la profe’ Anacleta, con la intención de ridiculizarlo.
Alex palideció, no había tenido tiempo de copiar del cuaderno de Salomón al suyo la cuarta estrofa, apenas había copiado la tercera estrofa.
-No lo he terminado de copiar profesora-, se excusó Alex.
-Yo ya di suficiente tiempo para que copiaran todos, y aún no has terminado, es tu culpa que te sientes hasta atrás y no alcances a leer bien en la pizarra, pero como todos lo bizcos son tercos no hacen caso. Tremenda cabezota que tenés para no hacer caso.
Varios de sus compañeros  empezaron a reírse, Alex solo bajó la cabeza y no dijo nada.
-Ponete de pie  y léelo desde allí, tienes que terminar de leerlo sino te pondré planas otra vez.
Leves risas en el salón, algunos miraban a Alex con lástima, otros hacían mates entre ellos como queriendo decir que se le puso yuca.
-¡Y al que le ayude le pongo planas también por metido!, amenazó la profe’ que con la mirada le decía a Salomón que iba para él la advertencia.
Alex se puso de pie, levantó la cabeza y la dirigió hacia la pizarra; sudaba, sentía que se le venía el mundo encima. Achinó los ojos y giró levemente la cabeza para lograr leer con menos dificultad la cuarta estrofa del poema que estaba escrito en la pizarra.
-Y… esta annngusstia… mía… paaara…. ha… ha… hacerla… vi… vi… vida.
-¡Allí no dice vida sino que viva!-, le reclamó la profe’.
-Viva… he… de…
Alex no lograba distinguir bien lo que decía, por ello se puso desesperado.
-Salomón, ayúdame-, susurró Alex.
Salomón se hizo el de los panes, si lo descubría la profe’ le pondría mínimo 100 planas que tendría que hacer en el cuaderno. Ni loco le ayudo se dijo a sí mismo.
Alex hizo todo el esfuerzo posible pero le fue en vano, no logró terminar de leer la estrofa.
-Ya no puedo-, dijo Alex.
-¿Ves?, eso te pasa por tonto, no sé para que estás estudiando aquí, desde primero te he venido pasando grado solo porque te tengo lástima, pero este año pasarás por ti mismo, mejor deberías irte a una escuela especial, ahí tal vez te aguantan; y vos Salomón, ya te vi que le prestas el cuaderno a él, ya no se lo prestes, que vea él mismo como hace para copiar, mejor le pondremos el pupitre a un metro de la pizarra para que así pueda leer bien y copiar, aunque no le gusta y parezca un chico anormal, tendrá que aguantar; recuerda, para mañana quiero 100 planas en tu cuaderno que diga “Debo de sentarme adelante en clases”.
Alex se sentó con la cabeza gacha, estaba achicopalado, tenía ganas de salir del salón  a desahogarse, pero le podría ir peor.
-Esaú lee la cuarta estrofa.
-Ok. Y esta angustia mía, para hacerla viva, he de decorarla con rojas sonrisas. Por  Federico García Lorca.

***---***---***

Dejó de ver el cuadro, se restregó la cabeza con las manos, dijo mil maldiciones en sus pensamientos, sintió rencor, grandes deseos de explotar en una locura, estuvo a puntos de hacerlo sin importarle el berrinche que haría pero escuchó la voz de su hermano menor.
-Alex, ahí vienen las rezadoras, la niña Rosita quiere que estés en los rezos, porque te pondrá a rezar un misterio manda a decir.
-Dile a la suegrita Rosa que me disculpe, que no tengo intenciones de rezar.
-Pero Alex, eso es falta de respeto y compromiso, aunque sea hazlo por la Marielos, ella te lo agradecerá desde el cielo, y…
-¡Cállate!-, interrumpió Alex -tú sabes que yo no creo en esos rezos que repiten las mismas cosas 50 veces; he tenido suficiente sufrimiento con esto que he pasado y tú vienes a hostigarme con esas cosas divinas que jamás me ayudaron cuando lo necesité. ¿Acaso no me pueden dejar en paz con mis creencias y sentimientos?
-Ojalá Dios te perdone esa soberbia Alex, nunca pensé que eras de tan poca fe.
-Estás cosas son de mi incumbencia, nadie tiene el derecho de decirme en qué creer y en qué no-, terminó de sentenciar Alex visiblemente molesto.
-Espero que no te arrepientas en el infierno.
Alex se hizo el indiferente, no tenía ganas de discutir  con su hermano, al fin y al cabo su hermano no sabía cuán destrozado estaba, y que la vida le estaba a empezar a valer madre.
En eso se acerca David al cuarto. David era uno de los mejores amigos de Alex, se habían conocido en la iglesia, gracias a él, Alex  había logrado involucrarse en muchas actividades de la iglesia, ahí se hizo más sociable, menos tímido, pero lo más importante es que gracias a David y sus acciones como buen amigo, es que Alex se sintió motivado a asistir al retiro espiritual en donde conoció a Marielos.
-Hey que ondas-, le saluda el hermano de Alex a David, -te dejo con Alex, no quiere ir al rezo, y la niña Rosita le ha dejado que rece un misterio. Me iré a avisarle ya para ver que dice.
David se quedó un rato sorprendido por la actitud de Alex, al rato buscó un lugar en donde se podía apoyar en la pared.
-¿Qué te pasa?-, preguntó David, -sé que estás triste, cualquiera lo estaría en tu lugar, pero, ¿Por qué no quieres ir a rezar? Marielos estaría agradecida contigo.
Alex giró su mirada hacia David, como queriendo leerle algo en los ojos, estuvo así como 2 minutos con esa mirada que daba miedo, David empezó a afligirse, entendió que su anterior comentario había sido un error.
-¿Eh?, ¿quieres algo?
-Sabes David, ya no le encuentro sentido a la vida. Ya no tengo por qué cosas luchar. ¿Por mi profesión? El dinero no da la felicidad, nunca. Las tiniebla han caído en mí ser. No creo que ya alguien me pueda dar luz en esta oscuridad.
-Tranquilízate man, todos estamos contigo, Dios te ama y nunca te abandona, ni en los momentos difíciles-, trató de consolarlo David.
David abrió la Biblia que tanto le gustaba andar y empezó a recitarle un buen par de citas bíblicas para animarlo, tocó Filipenses, Salmos, Carta a los Corintios, Mateo; en cada cita que le leía, habían frases que invitaban a seguir adelante pese a las adversidades.
-Y recuerda a Job-, dijo David convencido, -que perdió todo, pero Dios por la fidelidad, la fortaleza y la voluntad que Job le tuvo, le dio como recompensa  el doble y fue muy feliz. Dios siempre provee.
David sonrió, pero su sonrisa se desvaneció cuando Alex dejó por fin de mirarlo por fin, no tenía expresión de consuelo en su cara.
-Has ofendido la dignidad de ella y la mía-, le reclamó Alex.
-No, para nada, ¿por qué dices eso?
-Con esa historia de Job, dime, ¿me estás diciendo que Dios quiso que ella se fuera para darme algo mejor?
-Dios sabe los planes que tiene para cada uno de nosotros.
-Sabes, esa frase de que Dios nos quita lo bueno para darnos lo mejor es una mentira, carece de lógica. ¿Cómo es posible que Dios siendo tan amoroso haga morir a una hija suya solo para dar algo mejor a otro? ¿O será que lo hace para conocer sus planes y quiso que ella muriera porque ese es el plan de Él? No mi broder, eso es ser títeres de algo superior, es negar nuestras propia voluntad de vida. Sabes, yo oré mucho por ella, pero igual no vi señales ni repuestas a mis oraciones. No sé por qué Dios permite sufrir tanto a las personas, ¿acaso solo sufriendo podemos darnos cuenta de las cosas? Pero ella merecía una mejor vida, no me vayas a salir con que son pruebas que Él nos manda, eso es injusto, ella es algo no que nadie podrá reemplazar, no creo que Dios la devuelva con vida. Si ella se fue es porque algo grave tenía, el informe de medicina legal lo dice, ella había sufrido mucho en casa, todo pasa factura al final, por lo tanto Dios no tiene nada que ver ni lo tendrá.
David ya no dijo nada, es sus pensamientos estaba el de retirarse de cuarto de inmediato, había entendido que Alex estaba perturbado y que por eso decía incongruencias sobre Dios, aunque en muchas cosas tenía razón. Era mejor dejarlo solo.
-Voy a irme a rezar ya, por si necesitas algo allí en la sala estaré.
Alex no respondió. David no le dio demasiada importancia y salió del cuarto hacia la sala principal.
Seguía haciendo frío y más con esos vientos del norte, aunque el cuarto solo tenía una ventana hacia el exterior, era suficiente para sentir la fuerza del viento.
-Menos mal que no fue el inútil de Poncho, ese loco que se cree el gran cristiano, bien podía haberme maldecido y mandarme al infierno a podrirme por haber dudado de Dios. Los verdaderos amigos saben cuando comprenderte y respetar tus opiniones.
En la sala se escuchaba una canción  desentonada que coreaban varias mujeres: “te agradezco por todo lo que haz hecho, por todo lo que haces, por todo lo que harás…”


III


“Tell me you love me, come back and haunt me”.
The scientist.


Después del almuerzo fue que Alex empezó a interesarse y a observar mejor a Marielos; había mejores chicas que las había visto en la secundaria, pero le encantaba la simpatía de Marielos; se había dado cuenta que ella era muy amable y que le gustaba mucho compartir con todos lo que estaban en el retiro. Aunque tenía miedo y pena, iba a ingeniárselas para sacarle conversación, era ahora o nunca.
Llegado el ocaso del día, fueron todos los participantes llamados a una hora de alabanza y gozo en el salón principal de la casa de retiro. Alex se sentó en la primera fila para poder ver mejor, no le importaba que en esa fila no hubiera nadie de confianza para conversar.
Sonaron las tríadas octavas del bajo eléctrico junto a la armonía de la guitarra y el teclado. Hubo gozo y relajamiento para ratos. Después de la relajada del cumbión, invitaron a sentarse para que empezara la hora de los testimonios.
Cuán sorpresa de Alex cuando se dio cuenta que Marielos era la primera que pasaba a la tarima a dar su testimonio.
Alex aprovechó para observarla mejor, ella era una chica de piel trigueña, ojos café, pelo castaño que tanto enloquecía a Alex, estatura considerable, una voz firme  y armónica, linda sonrisa, apetecibles labios, belleza total.
-Este ha sido mi testimonio de vida-, finalizaba Marielos, - agradezco a Dios y a ustedes por haberme permitido darlo a conocer.
Aplausos en abundancia.
El corazón de Alex palpitaba fuertemente, estaba bien nervioso, porque no encontraba forma de poder conversar con ella, después de pensarlo, resolvió abordarla a la salida del retiro.
Las puertas de la casa del retiro fueron abiertas a poco tiempo de que anocheciera, Alex logró con muchos nervios y valor abordar a Marielos a la salida de dicha casa.
-Hola, ¿solita se va?
-Hola, pues supongo que si, mi papá me dijo que me iba a llamar si me venía a traer, pero ya no llamó. Me da cólera eso.
-Que mal.
-¿Y tú también te irás solo?
-Si, como casi siempre. ¿A la parada de buses vas?
-Si.
-Entonces te haré compañía, ¿no le molesta?
-No, no, para nada. Gracias.
-No recuerdo haberla visto antes del retiro.
-La verdad es que ni yo tampoco.
…….
-¿Cuál es su nombre?-, preguntó Alex para sacar más conversación, aunque en realidad ya había averiguado el nombre completo y número de celular de ella desde hace ratos.
-Marielos.
-Bonito nombre.
-Gracias, ¿y tú Alex verdad?
-Si, aunque no me gusta para nada.
-Jajaja, si está bonito.
…….
-¿En qué ruta se va?
-En la 5.
-Que lástima, yo en la 9.
-Allá viene el bus en que me voy, fue un gusto conocerte Alex, tal vez nos vemos en la reunión del sábado.
-Gracias igual. Si, nos vemos. Feliz noche.
Hermosa niña se dijo para sí Alex. Tal vez me da una oportunidad.
Estaba enamorado…
Una semana después, Alex llegó a la reunión de jóvenes con grandes deseos de ver a Marielos, pero ella no llegó.
Cuando terminó la reunión, Alex agarró rumba para el Metrocentro a “vitrinear” como todo pobre que era; ya se iba de regreso a casa cuando antes de salir del metro logró ver a Marielos, su corazón empezó a bombear aceleradamente, no podía creer lo que estaba viendo, iba vestida humildemente pero con elegancia, pensó en si ir a saludarla o ignorarla, imaginó lo peor, sintió frustración,  pena, aflicción; eligió ignorarla  mejor e irse lo más rápido posible del lugar, mientras se alejaba, a sus espaldas Marielos sonreía dulcemente en repuesta a las caricias de su novio.

***---***---***

Alex llevaba 7 horas metido en el mismo cuarto, el reloj marcaba las 2:13 am. Seguí haciendo frío, él seguía depresivo y triste, más con es luz tenue que le daba apariencia fúnebre al cuarto. No se atrevía a salir, temía desmayarse, temía enloquecer…
Al rato se acerca la niña Rosita.
-Mi Alex, ¿por qué no quisiste rezar?
Joder, todos me han venido con la misma cosa a molestarme, no pueden dejarme tranquilo, se dijo así mismo Alex.
-Mis disculpas, pero no quería verla a ella de cerca.
-Bueno, comprendo tus tristezas, fuiste un gran chico, te lo agradezco de corazón por todo lo que hiciste por ella, siempre fuiste un apoyo para ella, me consta, eso siempre es importante de un hombre de verdad. Pero tienes que ser fuerte, así como yo lo estoy haciendo, si supieras como duele perder una hija, es por eso que vine, para poder despedirme de ella. Ella ha de estar sonriendo en el cielo con el padre celestial. Si tienes sueño, puedes dormirte en esa cama, yo te avisaré cuando estemos a punto de partir por si acaso no te has levantado.
-Gracias.
Rosa esperaba una mejor repuesta, pero pensó que era mejor irse del cuarto.
-Si quieres algo me puedes ir a buscar, estaré en la sala.
Rosa estaba a punto de salir del cuarto cuando la voz de Rodrigo la hizo volver hacia él.
-Sabes algo… eres una vieja hipócrita, ¿cómo te atreves  semejante mentirosa a venir cuando Marielos ya ha partido? Ella ya no te necesita.
Rosa se sorprendió y asustó por lo que Alex le acaba de decir.
-Si acaso la amabas de verdad-, continuó Alex, -nunca la hubieras hecho sufrir desde que ella estaba chiquilla, mucho menos abandonarla solo por las ambiciones de dinero que te podía dar otro hombre.
-¿Qué estás diciendo tú? No sé de adónde has sacado esas mentiras, además mi vida privada que te importa a ti.
-Lo sé casi todo vieja, su hija me lo contó, detalle por detalle y yo también la he visto  a usted en varios lugares buscando hombres. Y déjame decirle que nunca supo valorar a su hija, la culpaba de todos sus fracasos, la regañaba a diestra y siniestra, y sabiendo que su marido era un gran bebedor empedernido y haragán, ¿cómo se atreve a abandonarla? ¡Oh humanidad, cuán egoístas nos hemos hecho las personas! Además su marido barrigón todo quería para él, aparentaba estar interesado en la carrera universitaria de Marielos, pero solo era para sacarle provecho después. Tan falsos nos hemos hecho las personas verdad, así como usted es un ejemplo de ellos.
Rosa estaba encachimbada y  con grandes deseos de romperle la cara a Alex por haberle dicho todo.
-Me las pagarás malvado.
Rosa salió a paso apurado del cuarto hacia la sala.
-La verdad duele, y mucho. ¡Ojalá tú fueras la muerta vieja puta!
Alex se levantó por fin de la dichosa silla y se fue a recostar a la única cama que tenía el cuarto. Estaba bien cansado, ya no podía luchar contra el sueño, se dejó vencer y empezó a soñar…


IV


“Porque soñé que era Jesús y te salvaba”
Soy un arlequín


-Acepté ser tu novia porque quiero olvidar parte de mi pasado, quiero olvidar los engaños que él me dió, solo le importaba salir adonde él quería y cuando el deseaba, casi todas las noches quería ir a alguna fiesta y se enojaba cuando yo le decía que no, que tenía que realizar las tareas y estudiar; hasta que yo me armé de valor y le dije que hasta aquí llegábamos, que yo era quién decidía que hacer con mi vida, que yo tenía el poder de decisión sobre mis cosas, y que mi decisión era terminar de una vez porque estaba cansada de él y de que me sustituyera por otras chicas en las fiesta cuando yo no iba. Quiero que tú me hagas olvidar todo esto mi osito hermoso.
-Sabes, admiro ese valor que pocas mujeres tienen, tú eres una de ellas, es valor de ponerse a la altura del hombre y no dejarse llevar por las decisiones de él. Te has dado cuenta, y esto es muy importante, que tú misma diriges tu vida, nadie más, y que el hombre no es el que manda a la mujer, ni el que tiene el poder absoluto de decisión; por eso tú tomaste una buena decisión de terminar con él, de no seguir siendo humillada por miedo a perderlo, por miedo de no encontrar a otra pareja. Hay mujeres que confunde la humildad con la humillación. Y gracias por aceptar ser mi novia, me comprometo a dar lo mejor de mí.
-Gracias mi Alex hermoso, te quiero mucho y estoy feliz de andar contigo. Solo tengo una dudita, ¿te la puedo decir?
-Claro, adelante.
-Antier yo te vi con las ganas de decirme algo.
Alex carcajea.
-Pues… ese día quería declararte, pero tenía nervios y miedo de que no me aceptarás.
-¿Y por qué pensabas que no te aceptaría?
-Porque nadie me quiere tanto, por el hecho de…
-¿De qué?
-De padecer de estrabismo, creía que nadie quería andar con un chico así. Muchos me ven de menos.
-Pero si tú eres hermoso, un gran chico simpático, eso me encanta y me pone loca por ti. Además las apariencias no te dicen lo que realmente es una persona, sino que su personalidad es lo que sinceramente cuenta.
-¿Osea que no me veo feo?
-No, para nada mi osito precioso. Así te quiero mucho aunque a veces te veo muy callado. Pero no te preocupes, no me molesta eso de ti. Basta con el buen corazón que tienes.
Alex le dio un beso en la frente,  la abrazó fuertemente, lloraba, nunca se había imaginado que tendría novia, ahora era realidad y él daría todo por amarla, ya que para él las segundas oportunidades no siempre existen y por eso debía de aprovechar esta oportunidad con ella, le gustaba todo de ella y más el hecho de que a ella no le importaba su estrabismo. Por fin sentía que había razones para ser feliz, razones para meterle a sus estudios, ser un buen profesional y formar una familia, de lo lindo.
-Te amo.

***---***---***

Estaban montados en el carrusel, reían a cada rato, estaban súper felices, el carrusel giraba a placer sin parar, ellos agarrados de la mano no dejaban de verse y reír. Andaban vestidos de novios que van rumbo al altar.
Al rato ella hace señas de bajar, el carrusel empieza a parar poco a poco, se bajan y se encuentran en un cerro casi plano y todo engramado hasta el infinito, el paisaje es verde vivo, el atardecer del sol poner el cielo anaranjado y rojizo; hay flores de todos colores y tamaños, los árboles bien enverdecidos.  Ellos se miran y sonríen, caminan lentamente hasta llegar a un globo aerostático, majestuoso globo de colores brillantes sin repetir; ambos se vuelven a mirar, se dan un beso y sonríen de nuevo, se suben ambos al globo, el globo empieza a elevarse, se admiran del increíble paisaje, poco a poco el globo se va alejando por el horizonte, hasta que se pierde de vista, se pierde para siempre.
-¡Alex!, levántate, ya nos vamos para misa.
Ya es de día, Alex se asustó de la despertada que le dieron, lamenta que le hayan despertado en lo mejor de su sueño. Siente hambre y más sueño.
-¡Apúrese caballero!, tiene que llegar temprano a la iglesia-, le apura una viejita sin dientes y arrugadísima como un palo seco.
Alex se pone de pie. Medita algo por un buen rato. Agarra la chamarra que dejó Víctor y sale del cuarto hacia la sala principal. Ella ya no está ahí. Aparece Víctor desde la puerta principal y le dice mientras se dirige hacia otro cuarto:
-Buena dormida la que te diste maje.
-Víctor ven, hazme un favor, préstame esta chamarra tuya que yo tengo y si te preguntan por mí diles que llegaré al camposanto de una vez, pero que no me esperen porque no sé a qué horas llegaré.
-Puta maje, ¿y eso?-, pregunta Víctor algo afligido.
-Tú solo hazme el favor, ¿vale?
-Ok. Pero no te vayas a perder o matar maje, has caído bien bajo con esta onda y yo te quiero mucho para que me dejes solo; sos un chero vergón
-Nombre, bueno, quién sabe..
Alex se puso la chamarra y sale por la puerta que da hacia la calle para así evitar toparse con las personas que están en la avenida esperándolo a él.
-Ojalá no se enojen conmigo.


V


“Soñé que María era ya mi esposa: ese castísimo delirio había
sido y debía continuar siendo el único deleite de mi alma”.
María.



Sonó el ringtone Prisión de amor, una canción norteña que a Alex tanto le encantaba y se lo había puesto de sonido de llamada a su celular.
-Alò mi amor.
-Mi osito, ¿ya saliste de clases?
-Si mi amor, ¿por qué?
-¿Y vendrás hoy a casa o dormirás en el apartamento universitario?
-Creo que vendré a casa, ¿te pasa algo malo?
-Tenemos que hablar, necesito decirte algunas cosas.
La frase “tenemos que hablar” sorprendió y asustó a Alex, lo dejó pasmado por un rato.
-¿Mi osito?...
Alex no respondió.
-¡Mi amor!...
Alex estaba aterrado, el hecho de haber leído tanto en las redes sociales que muchos tenían miedo a escuchar esa frase porque decían que era presagio de que algo se terminaba en las parejas, por eso empezaba a tener miedo y más con la urgencia con que Marielos quería que él llegara a casa, temía lo peor.
-¡Amor,  respóndeme!
-Si, si, si, hoy llegaré a casa tipo 6. Discúlpame que no te contestaba. Me esperas entonces.
-¿Qué te pasa?
-No fue nada, fue una leve distracción. Nos vemos. Te cuidas amor.
Marielos no creyó conveniente hacerle más preguntas.
-Ok. Te mando un beso mi osito. Adiós.
Alex estaba asustado, le aterraba lo que acababa de conversar con ella, ya que Marielos había estado comportándose algo raro desde que se le murió el padre; la idea de quizás ella quería terminar con él le conmovía el corazón; decidió acabarse el café y el pan dulce que se estaba comiendo en el cafetín de la Universidad. Una vez terminado resolvió irse de una vez para la casa lo más rápido posible. Entre más rápido se iba, menos sufría, pensaba.
Dos horas y treinta minutos después estaba enfrente de la puerta de la casa de Marielos, respiró profundo, le dolía el pecho, sentía reseca la boca y la garganta, intentó aparentar estar tranquilo y relajado pero le fue difícil, entendió que hay cosas que no se pueden ocultar.
Ding dong…
En unos momentos abrió la puerta Marielos.
-Mi osito precioso.
Marielos abrazó a fuertemente a Alex. Ella estaba algo pálida y con una cara que daba a entender desesperación.
-Pasemos a la sala, ya que está algo oscuro aquí afuera y peligroso se nos mete un tamalero-, dijo Alex temiendo por la casa.
Marielos no quería soltarlo, lo abrazaba fuertemente, como si él fuera algo a punto de irse.
Ante la negativa de ella a soltarlo, Alex chineó a Marielos como que fuera una chiquilla, cerró la puerta de una patada de caballo. Entraron. Ella había dejado ir muchas lágrimas, él seguía igual de nervioso y afligido. Se sentaron en el sillón viéndose de frente ambos. Estaban solos, se respiraba ese aire de ausencia, de silencio, aire tan denso como la oscuridad.
-Mi Alex quiero contarte unas cosas, y te las cuento con toda franqueza y con mi corazón. Tú eres un osito precioso, me encanta tu forma de ser, como me tratas, todo lo que haces por mí, por ayudarme en los momentos difíciles que he pasado, por todo los besos, abrazos, regalos y detalles que me das y que te hacen único. Te doy las gracias por tratarme como princesa y serme fiel, eres un estupendo novio.
Alex sintió que su corazón se aceleraba, le estaba costando respirar, sentía que esto iba mal, quiso llorar, pero se contuvo; se le vinieron un montón de recuerdos, tantos que ni escuchaba lo que Marielos le decía.
-Pero tú sabes que desde la muerte de mi padre-, continuó ella, -las cosas se me están complicando y más ahora que me vienen a dar una nota de desalojo, porque la casa quedó heredada a un tío de parte de mi padre y que yo ni siquiera lo conozco, ni sé si en verdad existe.
Alex que había escuchado perfectamente esta última frase, exclamó:
-¿Ah?, ¿Cómo es eso posible?
-Tú sabes que él no me quería a mí, nadie de mis padres me querían en realidad, nunca aceptaron haberme traído al mundo, ¡y yo qué culpa de haber nacido! Querían que yo sufriera igual que ellos; mi mamá fue la primera en abandonarme por puros caprichos y egoísmos. Papá, se hacía pasar de que era un gran padre que ama a su hija, pero en todo me echaba la culpa a mí, como que yo fuera la causa de todos los males.
Marielos lloraba a chorros, Alex la abrazó fuertemente.
-Tú no tienes la culpa mi amor; aquí estoy yo, tú sabes que cuentas conmigo; te puedes venir a mi casa, veré como busco espacio.
-Gracias por toda tu ayuda mi osito, precisamente para eso quería que vinieras, para que conozcas que decisión he tomado.
Dejaron de abrazarse, Alex le limpió las lágrimas con un pañuelo a su novia que tanto amaba.
-Entonces, mi tía me ha dicho que me vaya a vivir a su casa, como ella vive sola y tiene espacio de sobra para mí, pero quiero decirte algo muy importante. Quiero que nos demos un tiempo, necesito estar sola, necesito pensar qué hacer con los estudios y con esta vida, tú sabes que mi tía vive lejos de aquí, y la distancia no nos puede ayudar, además necesito tiempo y tranquilidad… para ello no quiero depender de nadie, quiero ver como saco adelante mi trabajo y estudios, después veremos si hay otra oportunidad, sé que me esperan varios años bien pesados, pero no se que pasará y quiero que tú no sufras con mi desesperación.
-Pero de eso se trata el amor, de vivir juntos las dificultades Marielos, de ayudarnos en las malas. Aquí es donde se pone a prueba el amor.
-Pero necesito estar sola, por favor Alex, compréndeme y terminemos ya. Yo estoy agradecida de corazón contigo, gracias por amarme y por darme momentos de felicidad. El tiempo nos dirá si tenemos otra oportunidad.
Alex no encontró que decir, ¿cómo es posible acabar así? Creía haber conseguido su novia indicada, su mujer para siempre. Pero hasta aquí llegaba ese sueño, esa realidad, derrumbados como un castillo de arena, como una torre de naipes que cae ante la leve fuerza del viento. De repente empezó a sentir como si nunca hubiera vivido experiencias con ella, como si nunca hubieran andado 3 años con 20 días, bien contados. De la nada ella era una extraña a sus ojos.
Algo ocultaba Marielos, pero la aflicción, la desesperación, la duda, la angustia, la depresión habían invadido a Alex para que siquiera lo sospechara.
“Si amas algo déjalo libre, si regresa es tuyo, sino nunca la fue”.
-Adiós…

***---***---***

Alex había calculado el tiempo, era lo suficiente para llegar al camposanto caminando cuando todos ya se hubieran ido. Ningún estorbo.
Caminaba casi sin rumbo, había suficiente calor. Sudaba, total, no le importaba por andar sumido en tantos recuerdos, pensamientos y dudas. Si, su cerebro se había invadido de preguntas, eran una lluvia de tormentos sin fin, le atormentaba hasta el alma no poder encontrarle respuestas a sus dudas, dudas que jamás se resolverán.
Mientras caminaba se topó en un parque en donde derribaban un precioso Árbol de fuego, cuyas hermosas flores le daban belleza al parque, le dio lástima y se acordó de una frase del último libro que había leído: “A veces me pregunto, como puede un árbol florecer entre tanta mierda y desprecio”. Las dudas existenciales volvieron e hicieron eco en su ser: ¿existe la felicidad?, ¿a qué venimos al mundo?, ¿existe el amor?, ¿por qué sufrimos por otras personas?, ¿puede el sufrimiento dar felicidad?, ¿el sufrimiento lo buscamos o llega aunque no lo merezcamos?, ¿vale la pena luchar por una persona?, ¿existe la libertad?, ¿por qué no podemos vivir solos?, ¿vale la pena olvidar?, ¿existe el destino?, ¿vale la pena dejar libre a alguien por amor?...


VI


Dile a esta alma de pesar agobiada si,
En el distante Edén, abrazará a una bienaventurada
Doncella a quien los ángeles llaman Leonora.
Repitió el cuervo: “¡nunca más!”
El cuervo.


Ya es atardecer cuando Alex llega al camposanto, entra y se ubica en el lugar donde ella está.
-Estoy en presencia de tu morada amada mía, no te puedo ver, pero te puedo sentir, venimos sin nada al mundo, sin nada nos vamos, dura realidad. Hasta hoy no me dado cuenta exactamente por qué me dejaste, me dejaste dudando, cruel duda para toda mi eternidad, ese es el precio del amor; quizás tú fuiste un egoísta, aceptaste un sufrimiento que se pudo evitar o minimizar, pero te alejaste de los que podrían ayudarte con un poco de consuelo, preferiste la soledad; quizás yo tuve la culpa y cometí un error, el error de no saber tomar una decisión que te hiciera saber que contabas conmigo, que tuvieras confianza en mí, esto tal vez te habría hecho cambiar de opinión; te dejé ir sin haber hecho tanto esfuerzo para retenerte, fui muy comprensivo a lo mejor, y cedí. Quizás los dos tuvimos la culpa, quizás ninguno.
Una leve brisa recorre el cuerpo de Alex, se escucha el inconfundible sonido del viento.
-Te fuiste demasiado pronto, no tuve tiempo de despedirte, de decirte algo que tanto anhelaba decirte, al escucharlo tal vez te alegrabas o tal vez sufrieras más, no lo sé, nunca lo sabré. Me quedé con las ganas de pedirte la oportunidad de que fueras mi esposa, ya te había comprado el anillo, ese anillo de rubí que tanto te gustaba, solo esperaba unos días para decírtelo cuando saliste con la llamada aquella tarde…
Alex rompe en lágrimas, le invade una impotencia de no poder hacer nada, cae de rodillas, se tapa la cara con las manos y la apoya de frente en la tierra recién removida. Llora fuertemente.
-¡¿Por qué?!... ¿Por qué soy un desdichado? ¡Maldito el día en que todo se terminó! ¡Maldito, maldito, maldito día!
Dá golpes con el puño de su mano derecha en el suelo, agarra tierra con la palma de la mano y trata de exprimirla, la tierra sale poco a poco por las aberturas que quedan entre los dedos, así poco a poco se desvanece su vida.
-¿Por qué la vida siempre me la jugó mal? Quise aparentar ser feliz aunque mi alma estaba destrozada, puse una máscara falsa a mis sentimientos, como la manzana que parece nítida pero por dentro se la acaban los gusanos. Ese fue mi error pero no el tuyo, tú siempre fuiste realista, aunque muchas personas te dijeran que últimamente te habías hecho bien  negativa, pésima, esa gente ignorante que juzga sin conocer las cosas; la verdad es que últimamente me cansé de aparentar ser feliz, por eso le dije de todo a tu madre, le dije la verdad, se lo dije antes de que nadie se lo dijera. Muchas personas no saben que el optimismo a veces es inútil y hay caídas de las que jamás te podrás levantar, querer no siempre es poder, y aunque tengas la voluntad de levantarte, no tienes la fuerza para hacerlo.
Alex se calma un poco, respira profundo. Medita, mira hacia el cielo anaranjado a punto de desaparecer por la oscuridad; se limpia las lágrimas con el mismo pañuelo con que se los limpió a su amada aquella vez.
-Ya no te volveré a ver, no estoy seguro de la vida del más allá, nunca lo estuve; solo sé que  tu cuerpo será el abono de una linda flor… yo por lo tanto ya no tengo a quién amar, estoy solo, desearía que me hubieras llevado contigo, pero no lo quisiste; si tú eras por lo que yo luchaba, ya no hay por qué luchar, te agradezco la oportunidad que me diste, la esperanza de encontrar la felicidad aunque al final no la encontré, solo fue una simple ilusión, oh ilusión.
Alex se pone de pie, suspira, saca un anillo de su pantalón y una foto en donde está junto a ella, le da un beso a ambos objetos y las pone junto en el centro de la tierra removida.
-Me voy, mira como brillan las  estrellas por ti, ellas y la luna cuidarán de ti, solo quiero que te quede claro, si es que me puedes escuchar desde algún lugar, es que siempre te amaré, siempre, y nunca te olvidaré aunque me duela, la vida pasa y ya llegará mí momento, mi hora de partir para siempre. Hasta nunca.
Alex se da la vuelta, saca su celular y le conecta los audífonos, se los pone en sus oídos, busca en el reproductor la canción Fix you, le da play y empieza a caminar, se va alejando del lugar, también el sol se aleja en el horizonte y pierde brillo, las oscuridad se va apoderando de todo, bendita oscuridad…



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